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El establecimiento de las diferencias es fundamental para edificar tanto un sistema de pensamiento como un discurso con diversos fines. En el caso de los alquimistas, esta operación cuenta con una intención particular: postular la obra y, sobre todo, pretender que ésta incida en el autor durante la gestación. |
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El proceso alquímico tiene en la reverberación (el tratamiento especial de ciertos elementos) una de sus más acertadas claves (la efectividad de su manejo); tanto así, que se le ha omitido de todos los tratados, manuales y opúsculos que apuntan al logro de la transmutación psíquica y física. Los escritores contemporáneos, herederos de este recurso del acervo esotérico por azar –en la mayoría de casos– o por necesidad –gracias a lecturas escogidísimas– sufren, si no el impacto de la creación en sí, al menos el cambio que implica publicar (divulgar) la obra. La variación no sobreviene súbitamente; supone un paulatino transir, que puede iniciarse tras la institución formal de lo que a uno lo hace excarpsus entre la vasta monotonía. Lo otro –irradiarse sobre una superficie bruñida– resulta ser el feliz corolario de la fe, después de la inspirada y fatigosa tarea de hornear.
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