Prensa

De historias y arenales
Olga Rodríguez (Diario Correo)
La felicidad de los muertos de Enrique Cortez es un monólogo de la imposibilidad. Un tránsito de personajes grises, inacabados si se quiere, un tanto quebrados y bastante desdichados, que refuerzan el carácter fragmentario del texto y que asientan esa bruma densa que rodea sus palabras. Qué mejor que situarlos en el improvisado arenal limeño, en medio de cerros, tragedias familiares, malentendidos históricos y desgracias colectivas. El narrador juega con lo metanarrativo y crea un escenario citadino intrincado. Apelando al juego lingüí­stico, a la desconfianza en el lenguaje, y adentrándose en aporí­as filosóficas presenta con acierto historias personales acerca de la guerra interna y la migración sin caer en el lugar común. El texto trata con tono irónico y desesperanzado, pero nunca afectado, el aburrimiento, el dolor y, sobre todo, el azar, llevándolo a esferas consustanciales sin perder de vista su materialidad. Es el azar el que involucra al narrador en el episodio terrorista, es él quien mutila al desafortunado habitante del arenal, y termina siendo él quien salva de convertirse en terruca a la empleada penitenciaria. El diálogo entre esta última y la madre del narrador transmite con contundencia una de las principales cuestiones del libro.
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Un debut en la novela breve
Javier Agreda (Diario La República)
A pesar de su brevedad (menos de 80 páginas), la novela La felicidad de los muertos es un relato complejo cuya trama parece ramificarse con la aparición de cada nuevo personaje. Su autor, el reconocido periodista cultural Enrique Cortez (Lima, 1976), ha querido hacer con esta narración una aproximación al universo de los desplazados por la violencia política y la extrema pobreza, "esta experiencia de millones de limeños que no ha sido tematizada en la literatura", señaló el autor en una reciente entrevista. La narración parte del protagonista, un periodista de nombre Enrique, cuya familia se traslada de Tacna a Lima, primero al distrito de Lince y después a la miseria de los arenales de Ventanilla. A la manera de las novelas picarescas, Enrique comienza contando su propia historia, desde el nacimiento: "Nací como todos los que aquella mañana vieron la luz...". Pero a medida que el relato se va enfocando en otros personajes, el narrador pasa de la primera persona (yo), a la segunda (tú) y a la tercera (él, ella). De estos personajes, el más importante es Victoria, la madre de Enrique, quien abandonó a sus hijos para unirse a la subversión y cumple una condena en el penal de Yanacmayo.
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La felicidad de los muertos
José Donayre Hoefken
Enrique Cortez ha escrito un libro breve pero intenso; una nouvelle que, en diecisiete capítulos, muestra una historia imbricada en detalles –aristas, quiebres, matices– y prolija en referencias muy diversas. Esta entrega convierte oficialmente a Cortez en un escritor. ¿Cuesta tanto decir simplemente escritor y vencer la amenaza del adjetivo para ser más sustancial, o sea, menos accesorio? Sin duda, es muy fácil evitar las etiquetas “joven narrador” y “promesa literaria” cuando se lee una obra compuesta con honestidad e ingenio. En realidad, Cortez me ha puesto en un verdadero aprieto con el hecho de presentar su obra. Esto que puede sonar a puyazo no lo es ni pretende serlo. Por el contrario, es, diría, una suerte de adulación más que merecida. Hablar, en mi caso, de "La felicidad de los muertos" es memorizar el nacimiento de esta nouvelle, rememorar la promesa de su conclusión y, sobre todo, conmemorar hoy –en la casi acepción de celebrar– el vaivén que ha implicado su entrega. Para ser más directo: significa jugar con la tentación de ser un infidente porque en algún grado soy testigo de cómo se fue gestando el proyecto que hoy es "La felicidad de los muertos", y de delinear a Cortez en sus momentos de mayor duda y exigencia estética, cuando se distanciaba de su escrito, es decir, en el momento en que advertía que el asunto no iba ni venía como se lee en la única frase que constituye el capítulo 10: “¿Qué puedo hacer con esta historia que no avanza?” Una pregunta que asalta tarde o temprano, una y otra vez, a todo escritor que no se conforma mecánicamente con lo que va resultando, y que Cortez, entre la desesperación y la sinceridad, registra con desparpajo en el mencionado capítulo-frase, intensificando una situación límite para muchos inconfesable, un drama transversal que conecta su experiencia con el tejido que urde y arde entre sus dedos.
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La felicidad de los muertos
Jack Martínez (Diario La Primera)
La felicidad de los muertos (Mundo ajeno) es el título de la primera novela que ha publicado el escritor y periodista Enrique Cortez (Lima, 1976). Título sugerente si se toma en cuenta que el mundo representado en este breve libro (casi ochenta páginas) nos muestra una sociedad en la que confluyen hechos que remiten de inmediato al Perú de los tiempos de la guerra interna. La novela o nouvelle tiene visos de aquella época, pero eso no implica necesariamente que se desarrolle tal cual en función a la violencia generalizada, sino, a través de vivencias personales. El protagonista de esta historia es Enrique. Y él, narrando primero sucesos autobiográficos, da inicio a La felicidad de los muertos . Hablando de sí mismo, se dirige también al lector, introduciéndolo así en su conflicto, en su inicial aburrimiento y posterior reflexión.
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Escritor Enrique Cortez publica libro La felicidad de los muertos
Entrevista en el diario El Peruano
Hay muchas elecciones conscientes en el proceso de escritura que en lugar de ayudar al progreso de la narración terminan truncándola. En el caso de La felicidad de los muertos hubo varios planes que nada tienen que ver con el texto final. En algún momento empecé a seguir las palabras, la propia lógica de las palabras que convocan otras palabras, de las historias que sitúan a otras historias, pero siempre bajo la idea de la variación. El mismo texto propone que esta lógica narrativa es una suerte de horror al vacío, de intento por saltarse un aburrimiento fundante. Pero si es cierto que el aburrimiento esta allí como condición de existencia, creo que La felicidad de los muertos intenta mostrar que nunca se está igual frente a él. La experiencia del tiempo, en este caso de las peripecias de los personajes, los devuelve diferentes a su cotidianidad. Entonces el tema también resulta brumoso, es decir, interior.
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Estafeta 1. Lectura para el verano
Leda Schiavo
Dos jóvenes autores peruanos tratan también el tema de la guerrilla. Enrique Cortez, en La felicidad de los muertos , trata el tema de los desplazados por la violencia política, es a la vez una reflexión sobre las causas de esta violencia y un juego metanarrativo bien logrado en sus escasas 80 páginas. (...)
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Estafeta 2. Sobre un libro leído
Daniel Balditarra (El País.com)
Termine de leer en estos dias una brevisima novela :La felicidad de los muertos de Enrique Cortez . Un tránsito de personajes grises y bastante desdichados. El diálogo entre la empleada penitenciaria y la madre del narrador transmite con contundencia una de las principales cuestiones del libro. (La empleada) cuenta una anécdota de juventud que acabó por salvarla del discurso revolucionario. Estando en el colegio se vio seducida por la solvencia de una profesora de historia lesbiana. Se trata de un texto inmovil, una obra en la que no se logra discernir con éxito quiénes son los vencedores y quiénes los vencidos. Un espacio de seres infelices que buscan relacionarse con el más allá.
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Estafeta 3. La primera novela del 2007
Paolo de Lima (Zona de noticias)
La nouvelle de Enrique Cortez La felicidad de los muertos (de cuya aparición di cuenta en un post que titulé
La primera novela peruana del 2007) se encuentra relacionada al tema de la violencia política que cada día pareciera tener mayor cabida en la literatura peruana actual. (...) Se trata, en suma, de una mirada (fatalista pero sin renunciar a la reflexión) a tomar en cuenta dentro del delicado tema de la violencia en la narrativa peruana más reciente.
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